Las pruebas psicológicas para acceder a un trabajo

La primera vez que en un proceso de selección laboral me citaron a una evaluación psicológica casi me desmayé. Pasé la noche anterior dando vueltas en la cama, nerviosa, agitada. Mi familia trataba de tranquilizarme preguntando, “¿qué es lo peor que podría pasar?”. Claro, ellos esperaban que yo contestara, lógicamente, “que no me den el empleo”, pero mi respuesta fue, honestamente, “que descubran que estoy loca”.
¿Para qué sirven esas evaluaciones? ¿Qué persiguen las empresas con estos exámenes? ¿Es legal someter a los aspirantes a estas pruebas?
No he sido la única en sentirse nerviosa ante un examen psicológico. Hoy en día es bastante común que las empresas, durante el proceso de selección de personal, recurran a una evaluación psicológica del postulante.
En Venezuela, por ejemplo, se trata de un requisito impuesto por la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (LOPCYMAT), que indica que deben realizarse periódicamente evaluaciones médicas y psicológicas a los trabajadores. Pero la práctica se extendió mucho antes de que se promulgara la ley, puesto que las empresas modernas siempre han utilizado estos exámenes para obtener información sobre la personalidad del aspirante, sus cualidades y su disposición para ajustarse al ambiente organizacional.
Recuerdo que antes de la temida primera prueba estuve preguntando entre mis amigos si alguien había tomado una anteriormente, y a pesar de encontrar a muchos que sí lo habían hecho, no pude encontrar dos experiencias iguales: hay pruebas de todo tipo, pasando por cuestionarios, dibujos, test de manchas, relatos y entrevistas conductuales hasta dinámicas de grupo. Lo que sí me aclararon todos es que las técnicas estaban diseñadas para que no hubiese respuestas “correctas” o “incorrectas”, así que no tenía manera de “estudiar para el examen”. Eso potenció mis nervios… pero nada malo pasó: simplemente completé un largo cuestionario y algunos dibujos. Al final conseguí el empleo, pero nunca conocí los resultados de mis pruebas. Siempre me ha quedado la curiosidad por saber qué habrán dicho esos exámenes de mí o mi personalidad.
Hoy en día ya he superado varios procesos que han incluido estas pruebas y, aunque no hay nada escrito, he logrado controlar los nervios así:
1. La noche anterior me acuesto temprano y trato de relajarme con un té o viendo una película (hay que despejar la mente para evitar cometer errores por nervios).
2. Escucho o leo bien para entender qué me piden (a veces respondemos erróneamente por no entender lo que se nos pregunta).
3. Asumo un espíritu optimista (es una actividad más y no tengo nada que esconder).
4. Hago el examen con honestidad, sin preparar respuestas (pues si me descubren será peor).
A pesar de que ya es agua bajo el puente, me ha quedado la duda: ¿se puede fallar una de estas pruebas? La respuesta puede ser engañosa. He consultado con algunos expertos en el área y me han respondido que es posible reprobar la evaluación psicológica sólo por no adaptarse a lo que la empresa busca, no por estar demente. Estos exámenes no buscan dar un diagnóstico de locura o sanidad mental. El objetivo real de estos exámenes es predecir la conducta del aspirante ante situaciones específicas de trabajo que son propias de la organización: trabajar en equipo, bajo presión, ser líder, etc. Si tu estilo no es compatible a lo que la organización necesita, no obtienes el cargo.

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